LA GOTA, UN MAL DE REYES
¡Te cuento un poco de historia!
La primera vez que Felipe II sintió un agudo dolor en su mano derecha fue a mediados de abril de 1568. Las molestias le duraron varios días y la mano se le hinchó y enrojeció de una forma marcada. El calvario que acompañaría el resto de sus días al que ya era el hombre más poderoso de la tierra acababa de empezar. Durante 30 años la gota atormentó al monarca y le destrozó buena parte de las articulaciones. Falleció a los 71 años en un estado lamentable, víctima de una patología cruel y dolorosa con una rodilla hinchada y supurando, al menos cuatro fístulas en la mano derecha producto de otras tantas lesiones gotosas articulares, los pies en un pésimo estado y con síntomas secundarios a una insuficiencia renal muy acusada.
La enfermedad ya era milenaria y la padecía también el emperador Maximiliano de Austria. La patología era frecuente entre los emperadores romanos y la han sufrido, por ejemplo, el británico rey Enrique VIII o el mismo Benjamin Franklin. Los expertos siempre han ligado la gota con una dieta rica en carne y ciertos pescados, que tienen un contenido alto en purinas, y con el consumo excesivo del alcohol1.
!Te platico sobre la enfermedad de la gota!
La gota es una enfermedad que resulta del depósito de cristales de urato monosódico, causado
por la sobreproducción o la hipoexcreción de ácido úrico. Generalmente, pero no siempre, la enfe rmedad
se asocia a una elevación de los niveles de ácido úrico en plasma. Las manifestaciones clín icas
incluyen artritis aguda y crónica, tofos, enfermedad renal intersticial y nefrolitiasis por cálculos de
ácido úrico. El diagnóstico se basa en la identifi cación de los cristales de urato en las articulaciones o
tejidos corporales. Los objetivos del tratamiento incluyen la finalización del ataque agudo, la prevención
de su recurrencia, y la prevención de las complicaciones asociadas con el depósito de cristales
de ácido úrico en los tejidos. Para ello, el uso de drogas sigue siendo fundamental. Los ataque agudos
pueden ser tratados con Antiinflamatorios no esteroideos, Colchicina o inyecciones intraarticulares
de corticoides. El Probenecid, la Sulfinpirazona y el Allopurinol pueden ser usados para prevenir
la recurrencia de los ataques. La obesidad, el consumo de alcohol y ciertos alimentos, y la ingestión
de medicamentos pueden contribuir a la hiperuricemia. Estos factores potencialmente exacerbantes
deberían ser identificados y tratados2.
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